Análisis: Del Potro, un pacto por amor

 
Le ocurrió a Salah en la final de la Champions League. Lo sufrió Gasol en la semifinal de un Mundial. Tantas veces le sucedió a Pedrosa, apartado de varios campeonatos de MotoGP debido a estos odiosos contratiempos. Raro es que un deportista de talla mundial no haya pasado alguna por el aro de las lesiones, acechando siempre en la esquina más recóndita.
 
Algunas veces, en tu momento más dulce. Digamos que es un mal que viene intrínseco en la profesión, nadie se libra de ellas, aunque sí deberían estar mejor repartidas.
 
Juan Martín Del Potro, a sus 30 años y tras haber disputado solo cinco torneos esta temporada, recibió un doble revés esta semana en Queen’s. El primero, en la pista; el segundo, en la consulta médica. ¿Era el destino? ¿Por qué otra vez él? ¿Podemos dejar de hablar de mala suerte y aprobar el término maldición? Tenga el nombre que tenga, éste será el quinto paso por quirófano de una trayectoria que duele solo pensarla. Sobre todo por sus inicios.

Quizá ahora carezca de sentido recordar cómo fue la irrupción del gigante de Tandil, pero la pena me lleva a refrescar los primeros pasos de alguien que estaba llamado a ocupar, tarde o temprano, la taquilla más cara del vestuario.

 
El argentino pasó en cuatro temporadas del anonimato a la mayor de las candidaturas. Lo hizo ganando su primer partido ATP en 2006 y acabando con 18 años dentro del top100. Continuó en 2007 con su primer triunfo ante un tenista del top10 (Tommy Robredo) y cerrando el curso entre los cincuenta mejores de la clasificación. La apuesta debía subir en 2008, así que Juan Martín decidió buscar un buen aliado. Con la llegada de Franco Davin a su equipo, el mundo del tenis quedó maravillado aquel verano de escándalo, donde enlazó cuatro títulos de manera consecutiva: Stuttgart, Kitzbühel, Los Ángeles y Washington. Así llegó al US Open, de no tener ningún título en sus arcas, a contar cuatro y una racha de 19 victorias seguidas.

El contador se detendría en 23 tras caer derrotado en cuartos de final ante Andy Murray, pero aquello solo sería un empujón para verle meterse luego en la Copa de Maestros, disputar su primera final de Copa Davis y terminar el calendario siendo el top10 más joven del ranking. Con 20 años ya convivía con la élite, pero el gran salto todavía estaba por dar.

 
Era 2009, hace una década, un año donde el argentino siguió evolucionando a una velocidad de vértigo. Semifinales en Roland Garros, finalista en el Masters 1000 de Canadá… y regreso a Nueva York, una ciudad especial. Tanto Nadal (semifinales) como Federer (final) lucharon por bloquear aquel ascenso imperial, pero ninguno pudo impedir que el prodigio de Tandil conquistara la Gran Manzana a sus 21 años. Todos los periódicos del mundo se hicieron eco de aquel muchacho de casi dos metros, un nuevo invitado a la fiesta que prometía terminar con el bipartidismo hispanosuizo establecido en aquellos tiempos. Nadie imaginó que en 2010 iba a entrar en juego la cara oscura del deporte de élite, una tortura que viaja ya por su quinto episodio.

Mayo de 2010

 
Habían pasado ocho meses desde que Juan Martín levantara su primer Grand Slam, seis desde que abrazara la bandeja de plata en el Copa Masters, cuatro desde que su muñeca derecha hiciera saltar las alarmas en el Open de Australia. Tal era el miedo que no volvió a disputar ningún torneo, hasta que la idea de un primer paso por quirófano se convirtió en obligación. Aquella nueva realidad le apartaría durante ocho meses del circuito. No volvería a ganar un partido hasta la temporada siguiente.

Marzo de 2014

 
Pasaron cuatro años desde la pesadilla sufrida en su muñeca derecha, pero los problemas regresaron meses después del Grand Slam australiano. Del Potro se retira en primera ronda del ATP 500 de Dubái tras perder el primer set ante Devvarman, solo que en esta ocasión fue la muñeca izquierda la que comenzó a darle disgustos. La operación era inevitable y el mundo del tenis volverá a quedarse sin su estrella hasta el año siguiente.

Enero/Junio 2015

 
Pero el año siguiente no trajo buenas noticias. Cuartos de final en Sydney y primera ronda en Miami. Esos fueron los dos únicos torneos que pudo disputar el tandilense en su vuelta al circuito tras un año de desconexión. La muñeca izquierda no había quedado bien, hacía falta una segunda intervención en el mes de enero y una tercera en el mes de junio. En total, tres operaciones para que Delpo pudiera volver algún día a golpear su revés sin que fuera un suplicio.

Octubre 2018

 
El torneo de Delray Beach en 2016 celebrara el regreso del argentino tras cuatro operaciones de muñeca, un historial terrible que quedaría archivado por mucho tiempo. Pero el mal nunca descansa y si no puede herirte de una forma, lo hará de otra. El año pasado, en la recta final de la temporada, Juan Martín tiene un mal gesto en los octavos de final del Masters 1000 de Shanghai, ante Borna Coric. La rodilla le duele, siente que algo no funciona, que no está como antes, pero no quiere ver el quirófano. La decisión escogida es la de reposo, un tratamiento conservador que le ayude a volver a estar al 100% en unos pocos meses. El objetivo era claro: evitar la cirugía.

Junio 2019

 
Ese tratamiento le obliga a perderse el primer Grand Slam del año, pero los resultados son positivos a su vuelta: Delray Beach, Madrid, Roma y Roland Garros. La gira de hierba, la más peligrosa de todas, aterriza en el calendario del jugador sudamericano, inconsciente de que los fantasmas estaban a punto de reaparecer. Su victoria ante Shapovalov en Queen’s será de las más amargas que queden en su memoria, ya que el triunfo no le dio el pase a los octavos de final, sino a un nuevo chequeo en su rodilla. Un pequeño resbalón cerca de la red ha destruido todo el trabajo elaborado en los últimos ocho meses. La rótula derecha, fracturada de nuevo, no admite otro plan que no sea una intervención quirúrgica. La quinta de su carrera.

Lo más duro de esta novela es que ya nos hemos acostumbrado a ver a Delpo sufrir, como si supiéramos que este cuento no tendrá un final feliz. No hace mucho vimos padecer a Federer (rodilla), a Djokovic (codo), o a Nishikori (muñeca). Imposible no acordarse de Nadal y todas las veces que tuvo que salirse del camino por dolores de todo tipo, o la historia más reciente de Andy Murray y esa cadera contra la que está manteniendo un pulso definitivo por seguir jugando. Con Juan Martín, sin embargo, ya vimos esa última recuperación en varios ocasiones. O eso fue lo que pensamos: “Igual sale de ésta, pero de ninguna más”. Pero el argentino salía, volvía arriba, caía de nuevo y otra vez al primer paso. Como un yo-yo, el de Tandil lleva oculto el traje de gladiador desde el primer minuto que puso los pies en la élite del tenis mundial. Como si de un pacto se tratara: ‘Tocarás el cielo, pero sin nubes donde apoyarte. Sin soportes, sin ayudas, solo piedras que te harán más débil, para luego hacerte más fuerte. Ni siquiera la suerte estará de tu lado, ni la pidas, ni las busques’.

Un viaje de excesiva dureza. Cualquier otro se lo hubiera pensado, muchos no hubieran ni empezado a caminar, pero una persona que ama el tenis no iba a tirar la toalla sin antes haberla sudado. Es ahí donde yo me imagino cada mañana a Juan Martín, sin perder la esperanza, sin prestar atención a la letra pequeña, tendiéndole la mano al destino con la misma firmeza que cuando tenía 18 años: “¿Dónde hay que firmar?”.

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