Madrid y el polémico polvo azul

Más allá de que la tecnología ha ido imponiendo cambios importantes a lo largo de la historia, como el abandono de las raquetas de madera o el cambio de calzados y del color de las pelotas (eran blancas hasta 1972, cuando se pasaron a amarillas por una cuestión de visión) el tenis es un deporte muy tradicionalista y los jugadores se han resistido a aquellas modificaciones que ellos ven como poco saludables.

De hecho, es el único deporte al que la televisión no ha podido cambiar las reglas (los partidos se siguen jugando sin un tiempo de juego estipulado y nadie quiere acortarlos como pasó con el voley que tuvo que adaptarse para poder ser televisado). En ese aspecto únicamente se aceptó el tie break, un cambio inventado por James van Alen en 1965 dentro de una serie de medidas que alteraban por completo la forma de puntuación en el tenis con el fin de acelerar el desenlace del juego, pero que no se usó hasta que la televisión comenzó a pedir una mayor exactitud en los horarios.
 
En los últimos tiempos sólo se incorporó el Ojo de Halcón para poder revisar aquellos piques dudosos, pero se intentó hacer un sistema diferente con el round robin en las primeras rondas (una zona de cuatro en las que todos se enfrentaban entre todos) y fracasó estrepitosamente. Buenos Aires fue uno de los pocos que probó con ese sistema y hubo infinidad de quejas. Es por eso que la apuesta de Ion Tiriac de hacer jugar un torneo de polvo de ladrillo con un color diferente al habitual, asoma como una situación que crea polémica.
 
El césped, superficie predominante hasta los ’70, dejó paso a los materiales sintéticos. Al principio, por inercia, la mayoría se pintó de verde. Hoy se colorean teniendo en cuenta las preferencias del patrocinador de turno, como es el caso, o por recomendaciones televisivas y de ahí se agarra Tiriac. "Esto es un evento, no sólo un torneo de tenis. Nadie ha dado saltos tan grandes en un período tan corto", asegura el propietario y promotor del certamen. "El juego debe progresar", levanta la vara.
 
El rumano que fue entrenador y manager de Guillermo Vilas, de quien hoy es socio en varios emprendimientos, no anda con chiquitas. Sus estrategias de marketing tratan de acercar a un torneo como Madrid, sin una gran historia que lo respalde, a la altura de Roland Garros, Montecarlo o Roma, los hermanos mayores de esta época del año y que se juegan en la misma superficie.
 
No es la primera vez que consigue que se hable de su torneo más allá de lo deportivo. En 2004 incorporó a modelos como recogepelotas y en 2009 inauguró la moderna Caja Mágica, un lugar soñado en donde se juega el certamen y especialmente construido para la ocasión. Después consiguió que el torneo fuera mixto (Montecarlo y Roma no lo tienen) y ahora pateó el tablero con el color del polvo de ladrillo, algo de lo que había avisado el año pasado.

"¡Por supuesto que no somos un torneo tradicional!", exclama. "No podemos serlo, con diez años de existencia, ni queremos serlo. Déjennos ser modernos e innovadores, revolucionar el deporte. ¿Por qué bloquearnos? Ecclestone cambia las reglas todas las semanas en la Fórmula 1, se adapta a lo que el cliente pide. Esto me recuerda a la polémica con las ball girls modelos hace ocho años. Ocho años después seguimos, porque desde el principio lo hicimos de manera profesional", dice Gerard Tsobanian, director ejecutivo del evento.
 
"¿Es polvo de ladrillo? Lo es. ¿El color es diferente? Sí. ¿Se ve mejor la pelota? Sí. ¿Es una mejor experiencia para todos? Sí. Entonces, ¿cuáles van a ser los argumentos en contra?", se pregunta Tsobanian. "¿Conocés dos torneos que tengan el mismo polvo? No existen dos torneos en el mundo donde la sensación de jugar sea la misma. Si hay algún jugador que diga esto, es de mala fe".
 
El azul absorbe más la luz y se ve mejor todo lo que sucede sobre la pista. Para los jugadores supone una mejora del 22 por ciento, mientras que para los televidentes es del 17 %. Hasta en atletismo las han puesto de este color en los últimos años. Hemos realizado estudios independientes, con cifras que demuestran que esta innovación mejorará lo que ya había”, continúa en referencia al trabajo del Instituto Tecnológico de Color Óptica e Imagen Profesional (AIDO).

Por eso todas las autoridades de este cuarto Masters 1000 de la temporada aguardan con calma tensa. Esta revolución ha sido costosa, el doble que en una cancha roja tradicional, y ha contado con especialistas en la materia como Gaston Cloup, encargado de las pistas de Roland Garros, o Andreu Puigserver, diseñador de la superficie del Palau Sant Jordi para la final de la Copa Davis de 2000.

 

"En un mundo en el que la competencia por la audiencia es feroz, el tenis debe evolucionar. Tanto para el espectador, como para los jugadores y las televisiones, supone un gran acierto ya que la pelota se diferencia mucho mejor. No hay que olvidar que la retransmisión se realiza para 160 países. Muchos de ellos se quejaban de que no se veía bien", comenta Manolo Santana, director del torneo.

Es que, según estas declaraciones, desde la organización del torneo priorizan los intereses comerciales en vez de la comodidad de los tenistas. El primero en probar la pista fue Novak Djokovic, el vigente campeón, el pasado miércoles. "Necesito más tiempo para tener un juicio claro. Pero parece que la bola pica poco, especialmente en los golpes cortados”, avisa.

“Aunque todo estuviera impecable, mi idea no cambia. Creo que no es un error de la organización, porque entiendo la idea y la valoro, sino de la ATP, que no debería haber permitido jamás este cambio en un torneo tan importante como Madrid y en medio de los tres Masters 1000 en tierra”, señaló Nadal.

Así, a escasas horas de que las principales figuras del circuito salten a la arena (Nadal o Djokovic no debutarían hasta el miércoles), la polémica se suscita entre bastidores. Muchos callan. Otros, en la distancia, bromean. “Parecemos pitufos”, escribe Milos Raonic en su cuenta de Twitter, aunque la mayoría tuerce el gesto mientras se quitan las medias teñidas de azul.

Tiriac, mientras, se frota las manos. Pase o no la tormenta, siempre alcanza lo que persigue .-

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