US Open: Sinner y Alcaraz y otra cita del nuevo clásico ATP en Nueva York

Confirmando todos los pronósticos previos el nuevo duelo del tenis mundial se hace presente en Flushing Meadows. Además del título, esta en juego el n° 1.

El dato no es cualquier cosa: por segunda vez en la Era Open, desde 1968, el tenis masculino vive una secuencia reservada únicamente a las grandes rivalidades: los mismos dos jugadores disputando tres finales de Grand Slam consecutivas.

Jannik Sinner y Carlos Alcaraz se han citado en la final del US Open tras haber hecho lo propio en Roland Garros y Wimbledon, confirmando así un dominio absoluto en la cima del circuito. Para encontrar un precedente semejante hay que retroceder más de una década, hasta el ciclo 2011-2012 en el que Rafael Nadal y Novak Djokovic se enfrentaron en cuatro finales de grandes seguidas (Wimbledon y US Open 2011; Abierto de Australia y Roland Garro 2012), un hito que parecía inalcanzable y que ahora encuentra réplica en esta nueva generación.

La estadística es demoledora y pone en perspectiva lo que Sinner y Alcaraz están construyendo: un duopolio que recuerda a las grandes hegemonías del tenis moderno. Entre París, Londres y Nueva York han dejado sin espacio a cualquier otro aspirante (en Melbourne también ganó el italiano), como si hubieran blindado la última ronda de los torneos más prestigiosos. Ya no se trata solo de una rivalidad emergente, sino de un patrón que sitúa a ambos en la dimensión de los mitos.

El No. 1 del PIF ATP Rankings, además, no oculta la naturalidad con la que vive este escenario repetido una y otra vez. La familiaridad de cruzarse con Alcaraz en los grandes escenarios, e incluso en la vida cotidiana, forma parte de la dinámica de quienes ocupan el mismo lugar de privilegio en el circuito.

En la pista nos gusta vernos porque, considerando nuestro ranking, significa que estamos yendo muy lejos en los torneos”, dijo el italiano. “Fuera de la pista nos cruzamos a veces, y creo que es genial. Como siempre digo, tenemos una gran relación también fuera de la pista, y todo está bien entre él y yo y también entre nuestros equipos. Todos trabajamos duro, pero al mismo tiempo somos gente normal. Es genial. Así que sí, lo estoy esperando con ganas”.

El hecho de verse en finales de Grand Slam no cansa a Sinner, aunque admite que, como Roger Federer dijo en su momento sobre Nadal, cualquier jugador preferiría un camino menos exigente. Pero al mismo tiempo confiesa que es en esa exigencia donde encuentra la motivación más grande.

Entiendo lo que dijo Roger, todos pensamos lo mismo, pero yo amo estos desafíos”, avisó Sinner. “Me encanta ponerme en estas situaciones. Él es alguien que me lleva al límite, y eso es genial, porque es el mejor feedback que puedes tener como jugador”, añadió. “Nos hemos enfrentado bastante últimamente, así que las cosas son un poco diferentes: siempre que salimos a la pista somos más conscientes de ciertas cosas, porque tanto él como yo preparamos el partido táctica y estratégicamente de maneras distintas. Siempre digo que es genial para el deporte tener rivalidades y grandes partidos por delante. Yo soy alguien a quien le encantan estos desafíos, me encanta ponerme en estas situaciones y ver cómo va”.

Desde el otro lado, Alcaraz comparte la sensación de estar escribiendo una etapa distinta en el circuito. El español ve en estas tres finales consecutivas no una casualidad, sino la confirmación de que tanto él como Sinner han alcanzado un nivel estable de excelencia.

Jannik ya lleva cuatro finales seguidas de Grand Slam y yo tres”, recordó el español. “Estamos a un nivel muy alto, yo creo que los resultados lo están mostrando, eso es evidente”.

La repetición de esos partidos no significa monotonía, sino aprendizaje continuo. Cada enfrentamiento abre una ventana de análisis que Alcaraz asegura aprovechar para mejorar. En su preparación para la final, lo deja claro: los choques anteriores son material de estudio y de evolución.

Siempre tomo cosas de los partidos anteriores”, confesó el ganador de cinco títulos grandes. “Los últimos encuentros… voy a tomar nota y ver lo que hice mal, lo que hice bien, para afrontar la final de la mejor manera posible”.

La historia, por tanto, empieza a escribirse con trazos muy reconocibles. En su momento, Nadal y Djokovic ofrecieron al tenis una era de finales épicas que aún hoy resuenan. Ahora, la generación posterior encuentra en Alcaraz y Sinner a sus equivalentes, capaces de encadenar los mayores escenarios del deporte como si fueran propiedad privada. Tres finales de Grand Slam seguidas son un síntoma inequívoco de hegemonía compartida, y el hecho de que solo haya sucedido dos veces en más de medio siglo lo convierte en un registro de valor incalculable.

Este US Open no será una final más. Será la confirmación de que la élite actual tiene dueños muy claros, y de que el pulso entre Alcaraz y Sinner ya forma parte de la historia grande de este deporte. El tenis de máxima competición encuentra en las rivalidades eternas su mejor combustible.

Con información de ATP

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