Nadia Podoroska en Roland Garros (EFE)

Análisis: La WTA pierde sabor latino

Si hoy repasamos el actual Top-100 WTA solo encontraremos a una jugadora procedente de Sudamérica. Curiosamente, una debutante en este vagón de élite: Nadia Podoroska. Una tendencia que viene de años atrás y que cada vez se acentúa más. En el vestuario femenino, falta sabor latino.

Sabemos cómo está de variado el circuito WTA en los últimos cinco años, la cantidad de campeonas de Grand Slam que confluyen y la lista de candidatas que todavía faltan por llegar. Un gran circo de muchísimo nivel que nos encanta. Sin embargo, no siempre las fuerzas están igual de repartidas dentro de esos vestuarios.

Haciendo un análisis de las nacionalidades de las cien mejores tenistas del mundo encontramos una desigualdad abismal en cuanto a su origen. Los números, según el continente de procedencia son los siguientes: Europa domina con 65 jugadoras, le sigue América con 19, Asia con 12, Oceanía con 2 y África con 1. Algunas cifras nos suenan, suelen ir ligadas a la historia de este deporte tan tradicional en ciertos lugares y a la vez tan desconocido e inalcanzable en otros. Por ejemplo, no sorprende la ausencia de tenistas africanos, aunque nos gustaría que fuera diferente. Pero si nos fijamos con detalle en las 19 tenistas americanas, observaremos que 18 son de Norteamérica y solamente una viene de Sudamérica. Es preocupante.

Nadia Podoroska, ella es la causante de que Latinoamérica tenga ahora mismo presencia en el Top-100 mundial. La argentina de 23 años, jugadora por descubrir hace apenas un par de meses, aparece desde hace semanas dentro de las cincuenta mejores de la clasificación. Ella, que arrancó la temporada fuera de las 300 mejores (331°), jugando torneos ITF y soñando algún día con instalarse en los grandes escenarios. Tanto lo pensó que lo cumplió, ni siquiera una pandemia pudo despertarla de su objetivo. Con el trabajo diario realizado desde Alicante con sus dos entrenadores (Emiliano Redondi y Juan Pablo Guzmán) y gracias a un torneo de Roland-Garros donde sumó ocho victorias (desde la qualy hasta semifinales), la tenista de Rosario rompió su techo sin preguntar, además en el momento preciso.

Durante la celebración del torneo parisino, Monica Puig era la única representante de Sudamérica en ese Top-100, pero su derrota en primera ronda la enviaría fuera al finalizar el evento. Una vacante que pasó a manos de Nadia, la nueva referente latina.

Como si fuera una jugada ensayada, una sustitución en el descuento, Monica Puig salía de la elite para dejarle hueco a Nadia Podoroska. Hubiera sido muy duro publicar que entre las cien mejores raquetas del mundo no había ninguna con origen latinoamericano, pero puedo asegurar que varios periodistas tenían ya el reportaje escrito.

Finalmente Podoroska (48°) mandó todos esos textos a reciclar, aunque el horizonte sigue siendo alarmante. Tras ella aparecen nombre como Monica Puig (102°), Renata Zarazúa (150°), Verónica Cepede Royg (173°), María Camila Osorio (186°), Daniela Seguel (207°), Gabriela Cé (236°), Marcela Zacarías (276°) o Paula Ormaechea (282°). En total, nueve jugadoras dentro de las 300 mejores.

Europa, por poner un ejemplo extremo, tiene actualmente diez jugadoras dentro del Top-15. Pero no se pueden comparar unos continentes con otros, ya que incluso dentro en el ámbito europeo encontramos un balance desmesurado a favor de las rusas o las checas. ¿Y qué pasa con África? Ons Jabeur es la única superviviente dentro del Top-150, una cifra todavía más alarmante, aunque nada se puede esperar de un territorio con problemas mucho más graves que el de tener o no una raqueta en la mano.

Pero Sudamérica es distinto, allí sí hay torneos, sí hay tradición, sí hay leyendas sobre las que apoyarse. Es cierto que nada tiene que ver los jugadores masculinos que hicieron y siguen haciendo historia con la bandera argentina, brasileña, colombiana, chilena o ecuatoriana. No obstante, seguro que ninguno pone cara de desconocimiento si les hablo de mujeres como Gabriela Sabatini, Fabiola Zuluaga, Gisela Dulko, Laura Arraya, Kristina Brandi o Paola Suárez. Todas ellas compartieron época y se encargaron de llevar sus raíces con honor por todo el globo, levantando trofeos, compitiendo con las mejores y gobernando en los mejores escenarios. ¿Dónde queda ahora su legado? Además de Podoroska, ¿ quién más tomará el su testigo ? En el párrafo mencionábamos los apellidos de las nueve latinoamericanas con presencia actual entre las 300 mejores, pero hay un dato que todavía aumenta más la problemática. De todas ellas, solamente tres tienen menos de 26 años: Podoroska (23), Zarazúa (23) y Osorio (18).

Y ahora muchos vendrán a destacar la complejidad que tiene convertirse en tenista profesional si naces en un país de América del Sur, totalmente de acuerdo. No debe ser fácil estar más de tres meses lejos de casa, con los cambios horarios, sin opción de regresar cuando las cosas van mal, adaptándote continuamente a nuevas culturas, eso lo sabemos. Sin embargo, ahí está la historia para demostrar que hombres como Kuerten, Vilas, Gaudio, Coria, Nalbandian, Cañas, Gómez, Ríos, Olmedo, Ayala, Massú o Feña González sí lo consiguieron. Y si nos vamos a la actualidad, guardando siempre las distancias, seguimos encontrando referentes como Del Potro, Diego Schwartzman, Federico Delbonis, Cristian Garín, Thiago Monteiro, Juan Londero, Pablo Cuevas, Guido Pella, Nico Jarry o Hugo Dellien. Todos ellos en el Top-100. Vale, sigue habiendo muchísimas diferencias con el resto de continentes, pero esto siempre existió, siempre se cumplió esa escala. Lo que nunca habíamos visto era tanta distancia entre los propios sudamericanos, teniendo el saco de talento habitual en el vestuario masculino y apenas un par de brotes verdes en el femenino.

El presente es el que es y el futuro no pinta mucho mejor. Ya lo han visto, ha tenido que ser una jugadora que empezó la temporada siendo 255° del ranking WTA la que ahora mismo salve los muebles de un territorio que pasa por sus horas más bajas en el universo del tenis femenino. Harán falta más milagros como el de Podoroska, un perfil de talento oculto que rompe en menos de un año y se cuela en la élite. Una película que no se ve todos los días. Es difícil, pero más difícil es pensar en una ruta diferente, viendo que Europa y Asia cada vez tienen más peso en el tablero. Aunque bueno, no siempre la cantidad es lo más importante, por encima siempre estará la calidad. Ahí tenemos a Oceanía, con solo dos rostros en el Top-100 de la WTA (Barty y Tomljanovic), pero uno de ellos ocupando el trono.

Veremos lo que pasa en 2021, igual si Podoroska mantiene esta progresión puede que ni nos acordemos de los números.-

Gentileza Eurosport

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